Hace poco más de una semana, concretamente el 24 de octubre, se celebró el Día Internacional Contra el Cambio Climático. Esta fecha tan señalada está promovida por la ONU y tiene como principal propósito la movilización y la sensibilización de la sociedad mundial sobre los devastadores efectos que el cambio climático en nuestro planeta. Como bien sabemos y a pesar de la opinión de muchos negacionistas como el todavía presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, el calentamiento global acumulado en el último siglo ha provocado un aumento de las temperaturas que ha traído consigo el deshielo de muchos casquetes polares, amén de numerosas catástrofes naturales como terremotos, tsunamis e inundaciones como las recientes DANAS.

Sobre este término tan escuchado en los noticieros durante los últimos meses habló Isabel Moreno en una reciente entrevista para Salimar, la Asociación de Salinas Marinas de España. El rostro de esta física y meteoróloga española es un habitual de la pequeña pantalla, pues ha desempeñado sus habilidades en medios como El País, eltiempo.es o RTVE. Al ser preguntada por la posibilidad de que una DANA vuelva a afectar al período de cosecha de la sal marina como ya ocurrió en septiembre de 2019, Moreno aseguró que “no se puede saber. La predicción del tiempo tiene ciertas limitaciones que no nos permiten hacer pronósticos con muchos días de antelación. Por estadística podría suceder, pero es imposible saber con tanta antelación cuándo se producirá, si es que se produce, qué magnitud tendrá o a qué zonas afectará”.

Proteger las salinas marinas

“Además, no olvidemos que el término DANA significa depresión aislada en niveles altos y sólo nos habla de esta configuración atmosférica. No es sinónimo de catástrofe. Es decir, puede afectarnos una DANA y no tener lluvias torrenciales o episodios como los de 2019. No obstante, viendo los precedentes y las proyecciones de cambio climático, empieza a ser urgente implantar medidas de adaptación para proteger estos entornos y minimizar los daños que pueda causar cualquier fenómeno meteorológico potencialmente peligroso”, añadió la meteoróloga.

Para reducir la incidencia de este tipo de desastres, se hace imprescindible apostar por los modelos productivos sostenibles que sean 100% verdes y respetuosos con el medio ambiente. Las salinas marinas españolas son uno de esos sectores que ya contribuyen a la sostenibilidad y la lucha contra el cambio climático y que además produce sal marina, un alimento esencial para la salud humana según la opinión mayoritaria de expertos en nutrición y dietética. Estamos, por tanto, ante el producto ecológico en mayúsculas y explicamos a continuación el porqué.

Producción sostenible y energías 100% limpias

En primer lugar, debido al origen completamente natural de la sal marina que, como ya hemos contado en numerosas ocasiones, se obtiene a través de un proceso basado en la evaporación de agua de mar en lagunas de amplia extensión y reducida profundidad. Para producir la sal marina se necesitan únicamente el agua de mar como materia prima y el sol y el viento como fuentes de energía. Mientras que el astro rey actúa como calentador del agua, el aire se encarga de retirar el vapor de agua que asciende sobre las lagunas. Sin duda, un proceso de producción sostenible y en el que se emplean energías 100% limpias.

Preserva la fauna y la flora y conserva la biodiversidad

En segundo lugar, por el perfecto binomio que conforman la industria salinera y la naturaleza. El proceso de producción de la sal de mar origina un ecosistema majestuoso que al mismo tiempo retroalimenta la producción salina. Sin duda, una simbiosis ejemplar entre la industria y la naturaleza. Además, el trabajo salinero contribuye a preservar la fauna y la flora autóctonas y a conservar la biodiversidad.

En tercer y último lugar, porque estamos ante un producto 100% natural. La sal marina, a diferencia de otros alimentos con los que se le compara equivocadamente, no sufre ningún proceso industrial ni de transformación para su obtención. Sólo se le aplica un proceso de secado para eliminar la humedad, una molturación para conseguir un tamaño de grano más grande o un cribado para separar diferentes tamaños de grano. En resumen, lo que se produce de manera natural en las salinas es idéntico al producto que el consumidor final disfruta cuando usa la sal de mar para acentuar el gusto de sus platos.

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